Slow city. Una alternativa a la vida estresante

La salida de los núcleos urbanos está sufriendo un incremento en los últimos años

La diferenciación entre el urbanismo y el ámbito rural ha provocado la aparición de un tipo de vida más beneficiosa y tranquila y su consecuente aparición de localidades que impulsan esta idea: las “slow city”(ciudad lenta). Las numerosas ventajas que éstas ofrecen no están siendo indiferentes para , sobretodo, la clase media de las ciudades. Cansada de la “vida rápida”, se busca una alternativa cómoda y de calidad, apoyada porla facilidad en el transporte y la posibilidad de mantener la vida laboral en la ciudad.

“es la mejor elección que podíamos haber tomado”

Hace unos meses Juan Conca y su esposa decidieron mudarse a un piso sencillo (y no por eso de baja calidad) en la localidad de Biara unos 60 kilómetros de la ciudad de Alicante, donde residían hasta el momento. ¿Las razones? Establecerse en un lugar tranquilo, alejado de la aglomeración de gente característica de los núcleos urbanos. “Es la mejor elección que podíamos haber tomado. A lo mejor hay otros pueblos más cercanos y más bonitos, pero lo que nos importa es conseguir esa paz que tanto ansiábamos desde que decidimos irnos a vivir juntos” declara la pareja. Para ellos este tipo de vida supone una liberación porque, además, quieren que su primera hija nazca en un entorno apacible y seguro. “Nos da mucho miedo la inseguridad que se respira últimamente en las grandes ciudades. Aquí vamos estar mucho más relajados a la hora de controlar a nuestra hija, mientras en Valencia creo que habríamos tenido más preocupaciones”, afirma Marina, la esposa de Juan. De este modo, el concepto de este tipo de vida va asociado a un ambiente familiar, sereno, adecuado a personas que quieran sustituir los centros comerciales y las avenidas por los árboles y un poco de aire puro.Esta nueva práctica afecta sobre todo a las grandes ciudades como Madrid, Barcelona, Sevilla, Zaragoza y Valencia, que están viendo disminuir notablemente su tasa demográfica. En el caso de la Comunidad Valenciana solamente tres municipios, los más grandes (Valencia, Alzira y Mislata), son los que pierden habitantes, como Valencia que pierde 7.600 personas. Pero de todas formas, el resto gana una cantidad casi inapreciable, como los poco más de 200 que añade Alicante. Por tanto, esta tendencia tiene el suficiente peso como para determinar, en un futuro no muy lejano, la estructura de las ciudades y aumentar, de una manera considerable, el número de habitantes en un gran número de pueblos y pequeñas ciudades. Es el caso de Gandía, que gana 2.500 habitantes y Elche, que ha incorporado desde el año pasado 3.400 nuevos residentes.

Pero el fenómeno no se limita solo a las grandes ciudades. En 1900, las ciudades medianas (entre 100.000 y 500.000 habitantes) alojaban al 3% de la población española. Este país tiene ahora 29 ciudades medianas -entre ellas Murcia, Córdoba y Bilbao-, y juntas concentran el 24% de la población (9,4 millones de personas), según datos del INE (Instituto Nacional de Estadística).

“en las slow city el estrés y las prisas no tienen cabida”

Ventajas evidentes

Cabe tener en cuenta que el factor de la tranquilidad no es el único que configura esta nueva moda de aislamiento. El elevado precio de la vivienda en las grandes ciudades está impulsando a numerosas parejas jóvenes a adquirir una residencia en las afueras o en los pueblos, bastante más baratas, con la posibilidad de mantener su trabajo en la capital. De esta forma, es un hecho palpable que la gente prefiera sacrificar una hora de sueño para ir cada mañana a las ciudades, con tal de pagar un precio reducido por un nuevo domicilio y vivir mejor. También se busca la facilidad en las gestiones y se evitan las colas interminables que absorben desmesuradamente el tiempo, como afirma Magdalena Mira, unaprofesora de Barcelona: “una de las cosas que más me molesta en esta vida es tener que esperar. Y la vida en una ciudad implica esa y muchas más cosas insoportables. Más de una vez me he tirado toda la mañana en tráfico o me he encontrado con una cola gigantesca a la espera del taxi. Con este panorama, mi jubilación no me está siendo tanrentable como pensaba”. Lo cierto es que para personas como Magdalena esta nueva forma de vida podría ser una solución, pues en las “slow city” el estrés y las prisas no tienen cabida. Así, un elevado número de personas están comenzando a percibir las numerosas ventajas que aportan este tipo de ciudades. Y no son pocas. Algunos detalles como tener cerca un supermercado apenas sin gente, poder ir caminando a casi todos lados, no tener que escuchar el barullo de las conversaciones cada dos pasos y tener una buena comunicación con los núcleos urbanos, son determinantes para muchas personas que ya han decidido comenzar una nueva vida dominada por la apacibilidad.

El factor transporte

Es importante considerar que el transporte tiene un papel definitorio en esta decisión de “vida lenta”. La mejora de las vías interurbanas y la aparición de trenes de alta velocidad como el AVE en algunas ciudades, han permitido que la hora del transporte no sea tan fatídica y que, en muchos ocasiones, se tarde menos incluso en desplazarse desde el pueblo a la ciudad que por la propia ciudad, como en el caso de Madrid y Barcelona. “Con un buen coche y un poco más de tiempo resulta incluso más cómodo ir a trabajar desde las afueras. Los atascos y la afluencia del tráfico son tan estresantes que al final no tienes más remedio que empezar la mañana de mal humor”, afirma Joaquín Serrano, un abogado de 33 años de Barcelona que hace poco tiempo también ha tomado la decisión de un cambio de vida. Ahora puede llegar al trabajo con una sonrisa y con la sensación de no haberse tragado una infernal espera en el trayecto, como antes le ocurría. En este punto se puede afirmar que la filosofía de vivir despacio puede contribuir incluso a una mejora en la salud y el estado de ánimo de las personas, lo que supone una liberación del ritmo de vida estresante de las grandes ciudades que puede provocar enfermedades como la depresión y sensaciones de ansiedad. En las “slow city” no son necesarias las clases de yoga, los tratamientos y las terapias anti-estrés. El ambiente de tranquilidad que de allí emana ha permitido a más de uno olvidarse de las notas de aviso y el reloj en cada habitación, pues sus habitantes ahora invierten su tiempo en pasear, relajarse y comer bien. Con este reclamo de la idea de pacifismo pueden llegar a mejorar todos los ámbitos de la vida, incluyendo las relaciones de pareja y familiares, y los enfrentamientos con el jefe y compañeros de trabajo presionados por el estrés.

La desventaja más notable de esta idea es que se necesita una economía mínimamente asentada para poder invertir en transporte, en el caso de que se mantenga el trabajo en la ciudad. Por esto mismo, para las personas que ganan una baja suma de dinero esta vida puede suponer algunos problemas. En cambio, el otro sector que más apoya la emigración a lugares más tranquilos es el de los jubilados, que en muchas ocasiones vuelven a sus lugares de origen y atraen a miembros de la familia.

El trabajo a distancia facilita aún más la decisión del aislamiento

Ante esta situación también se encuentra la alternativa del teletrabajo, que permite realizar las tareas laborales desde casa y se configura como una opción perfecta a combinar con la vida tranquila. Así, ciertas personas con dificultades físicas y problemas para el transporte pueden contar con la facilidad de desempeñar el mismo trabajo desde su domicilio que en la oficina. Esto no supone que la posición laboral de la persona vaya a descender o vaya a ser menos prescindible para la empresa, pero evidentemente esta opción está al alcance únicamente de aquellas que realicen su trabajo mediante el ordenador o el teléfono y su presencia física no sea del todo relevante. A pesar de todo, esta práctica está más desarrollada en Europa, afectando en España solo a una minoría de la población activa.

Por Paula Mira

Joan Mira

Interactive web developer and creative technologist in London